Mi evolución como adiestrador canino en Ciudad Real: de lo tradicional a un enfoque respetuoso
En mis inicios como adiestrador canino en Ciudad Real comencé practicando un adiestramiento de corte tradicional. Los resultados, a ojos de muchos propietarios, eran satisfactorios: el perro obedecía, parecía controlado y los tutores se marchaban contentos. Sin embargo, con el tiempo empecé a preguntarme algo fundamental: ¿qué pensaría realmente el perro de todo esto?
Esa duda fue el inicio de una transformación personal y profesional. Siempre he sido muy sensible trabajando con los perros, y gracias a esa sensibilidad conseguía buenos resultados sin llegar a “romperlos”. Pero me quedó la espina de que mis primeros formadores no me transmitieran lo que años después tuve que ir aprendiendo por mi cuenta: que los perros sienten, piensan y merecen respeto.
De herramienta a compañero de vida
Entiendo perfectamente que muchas personas aún vean al perro como una “herramienta de trabajo” o un simple apoyo en ciertas tareas. Pero la realidad es otra: un perro no puede ser tratado como un objeto, y mucho menos esperar que nos dé cariño o nos obedezca si no velamos por su bienestar físico y psicológico.
Resulta muy triste ver cómo hay dueños que descuidan a sus perros, los ignoran o los tratan con dureza, y luego esperan lealtad y obediencia absoluta. Eso no funciona. Un perro, igual que una persona, necesita comprensión, paciencia y afecto para poder responder con confianza.
El cambio de enfoque: comprender que los perros sienten
Cuando me di cuenta de que el camino tradicional no era el correcto, empecé a formarme en técnicas de educación respetuosas con el perro. Fue entonces cuando comprendí lo evidente:
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Los perros tienen sentimientos.
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Los perros nos quieren.
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Los perros piensan, aunque no sean humanos.
Aceptar esto cambia por completo la manera de trabajar.
Al principio, incluso yo transmitía a mis clientes ideas equivocadas, porque era lo que me habían enseñado. Me aseguraban que los perros no tenían emociones y que no pensaban, y aunque no lo creía del todo, repetía esa información. Hoy sé que ese fue mi mayor error: difundir un mensaje erróneo que no aportaba nada positivo ni a las personas ni a los animales.
La responsabilidad del educador canino
Los adiestradores caninos de Ciudad Real y de cualquier lugar tenemos una doble responsabilidad:
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Trabajar de forma respetuosa con el perro.
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Enseñar al tutor a comprenderlo de verdad.
Esto implica mostrarles cómo siente su perro, cómo interpreta el mundo y cómo se vería si lo tratáramos con dureza o crueldad. Debemos conseguir que la gente entienda que los animales piensan y sienten, y que por eso no se les puede imponer con castigos físicos ni con métodos dañinos.
Un ejemplo sencillo: nunca castigaríamos a una persona extranjera por no entender nuestro idioma, ni le pondríamos un collar eléctrico para forzarle a obedecer. ¿Por qué habríamos de hacerlo con un perro, que tiene otra manera de comunicarse?
Lo que los perros nos dan
Los perros nos ofrecen algo único:
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Nos dan cariño incondicional.
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Nos hacen compañía.
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Nos alegran los días y nos hacen reír.
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Nos enseñan a ser mejores personas.
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Nos regalan felicidad a cambio de muy poco.
Aun con nuestras limitaciones, con nuestros fallos o nuestras ausencias, ellos siguen ahí, queriéndonos. Ese simple hecho debería bastar para que cambiemos nuestra forma de tratarlos.
Un llamamiento a la unión
Por todo esto pienso que los adiestradores caninos de Ciudad Real debemos unirnos y apoyar un tipo de trabajo que ponga al perro en el centro, sin sufrimiento, sin maltrato y con respeto real. No se trata solo de justicia para los animales, también de justicia para los humanos.
La mayoría de tutores que conozco quieren con locura a sus perros, y nunca pondrían sus objetivos por encima del bienestar del animal. Lo que falta muchas veces no es amor, sino información y formación adecuada. Ahí es donde entramos los profesionales: en guiar, educar y transformar la mirada que las personas tienen sobre sus compañeros de vida.
Conclusión
Mi evolución como adiestrador ha sido también un proceso personal. Pasé de repetir fórmulas antiguas a crear un camino propio, basado en la comprensión, la empatía y el respeto. Hoy sé que lo que realmente cambia la convivencia no son los trucos rápidos, sino la conexión entre perro y tutor.
Por eso, seguiré insistiendo en que los perros sienten, piensan y aman. Y mientras ellos nos sigan regalando tanto, nosotros tenemos la obligación de darles una vida digna, feliz y llena de respeto.